“Quisiera que Jessica tuviera comida todos los días” - Testimonio de una joven madre haitiana  

Elene vive con su esposo y su hija en Puerto Príncipe. Con sólo 19 años ya se ha enfrentado a la pobreza, la humillación y el hambre. Un poco de ayuda y mucho esfuerzo personal le permiten afrontar con responsabilidad el futuro de su familia.


“Había oído hablar del centro, que recibe a los niños cuyos padres no tienen las posibilidades de darles todo lo que necesitan” - dice Elene, una persona amistosa y de voz suave- “Mi esposo y yo vivimos en la miseria porque no tenemos trabajo. Nos ayuda bastante que nuestra hija Jessica pueda venir aquí”. Se refiere al programa de fortalecimiento familiar del centro social de Aldeas Infantiles SOS en Santo. Jessica y otros niños acuden todos los días de 8 de la mañana a 2 de la tarde. Allí reciben tres comidas diarias, lo que supone un gran alivio económico para la familia.


Pero éste no es el único beneficio. Como señala Elene, el desarrollo intelectual y lingüístico de su hija Jessica, de dos años de edad, también ha sido muy grande, en tan solo cuatro meses. Pero sus padres no pueden llevarla todos los días: “venir aquí en la mañana y regresar en la tarde nos cuesta al menos 50 Gourds (al cambio unos 1.2 dólares americanos) para transporte y pañales. A veces es más de lo que podemos pagar” –señala- “mi esposo Luis haría cualquier tipo de trabajo para darnos alimento, pero simplemente ¡no hay ninguno!”.
Elene creció junto a su padre y su madrastra, después vivió con su madre hasta que a los 16 años de edad se quedó embarazada: “mi madre se enojó y me echó de casa, pero mi esposo se ocupó de mí” -continúa- “Amo a mi madre y ahora sé que tenía razón. ¡Es tan importante terminar la escuela!”.


La educación siempre ha sido un punto central en la vida de Elene. Su padre se ocupó de la escuela de Elene y sus hermanos mientras pudo. Cuando se le acabó el dinero, envió a la joven a vivir con una tía, que pagó sus estudios hasta que murió. Después de su muerte la chica vivió con su madre, pero ésta tampoco tenía suficientes recursos. Un hombre se ofreció a pagarle la escuela. Pero un día, ese mismo hombre, se emborrachó y la violó. Elene nunca volvió a aceptar su dinero. Poco después conoció a su esposo y con su ayuda pudo continuar sus estudios hasta que se quedó embarazada. Llegó hasta quinto grado. Hoy sueña con seguir estudiando.


Este sueño es hoy imposible. “Mi marido ganaba dinero comprando y vendiendo chatarra, pero ya no puede hacer esto más” –suspira Elene-, “no tiene dinero para
A largo plazo, el programa de fortalecimiento familiar puede ayudar a Elene y su familia a recuperarse económicamente, ya que ofrece clases de cosmética, confección y artesanía, con las que la joven podría, más adelante, reunir algunos ingresos. Asimismo, el programa proyecta abrir un programa de microcréditos para ayudar a las madres y familias a iniciar pequeños negocios.


Cuando se le pregunta por sus deseos y metas Elene sonríe tímidamente. “Oh, yo tengo muchísimos sueños” -dice con brillo en los ojos- “pero las cosas están muy difíciles, especialmente ahora que no tenemos trabajo. Sé trenzar el cabello, pero necesitaría algunas herramientas para hacerlo. Yo puedo estar unos días sin comer, crecí en la pobreza y me acostumbré a ello, pero quisiera que Jessica tuviera comida todos los días”.